LA PASTA.

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La pasta se trata de uno de los alimentos más antiguos que existen. Podemos decir que es tan antigua como la agricultura. Que porque decimos esto, simplemente porque es agua mezclada con un cereal molido. Cuando el ser humano aprendió a cultivar cereales y a molerlos para convertirlo en harina, consiguió unirlo o mezclarlo con agua y secarlo al sol (para mejorar su conservación). De ahí nació la pasta.

Existen muchas teorías sobre quién o quiénes fueron los primeros en elaborar este alimento.

Se cree que su origen está en China. Algunos investigadores adjudican el descubrimiento a Marco Polo, el cual la introdujo en Italia de vuelta de uno de sus viajes a China en 1271.

Otros muchos lo atribuyen a las antiguas civilizaciones etruscas (Toscana, Italia).

Hasta el siglo XVII no se tiene constancia del uso del tomate. Al principio se consideraba venenoso. La pasta se comía con las manos, sin condimentarlo y por supuesto, sin queso. Una vez se comenzó a introducir ingredientes como el parmesano, la mozzarella o el jamón, el tenedor se convirtió en un utensilio indispensable. Es curioso porque los tenedores de esa época tenían solo dos dientes, de ahí que le añadieran un tercer diente para poder enrollar mejor el espagueti.

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PASTA FRESCA Y PASTA SECA (diferencias entre ellas)

Tanto en la pasta fresca como en la pasta seca, son indispensables estos ingredientes: agua y harina (trigo duro o Candeal). Aunque es posible añadir otros ingredientes como el huevo, etc…

El origen: La pasta fresca se consumía como hemos dicho anteriormente en China, mientras que en Italia fue el lugar donde se comenzó a secar la pasta (hacia el año 1500).

La elaboración: Todas las pastas comienzan siendo lógicamente pastas frescas. La pasta fresca se deja tal cual mientras que la pasta seca se somete a diferentes procesos de deshidratación.

La conservación: La pasta seca se conserva bien cerrada en el envase durante meses. Al contrario que la pasta fresca, que se conserva en frío y su caducidad se acorta a unos días.

El precio: La pasta fresca al ser tan perecedera y tratarla con más mimo, puede hasta triplicar su precio con respecto a la seca.

La cocción: Mientras que la pasta seca necesita de unos 10-12 minutos de cocción, la pasta fresca está lista en 2 o 3 minutos. De ahí que aunque la pasta fresca salga más cara, el ahorro energético compensa ese desfase de dinero.

Las dos pastas, tanto la pasta fresca como la pasta seca son buenas, pero si tenemos que elegir una, nos quedamos con la pasta fresca.

¿COMO COCER LA PASTA?

Generalmente cuando vamos a cocer pasta nos hacemos algunas preguntas como: ¿Hay que echar aceite al agua de cocción de la pasta?, ¿Cuándo añadimos la sal, antes o después de la pasta?…

La proporción de agua y pasta.

Necesitamos una cazuela acorde con la cantidad de pasta que vamos a cocer. El agua donde cocemos la pasta tiene que ser abundante. Siempre multiplicaremos por 10 el peso de la pasta. Por ejemplo, si vamos a cocer 100 gr. de pasta utilizaremos 1 l. de agua. Lo podemos hacer a ojo aproximadamente.

Si cocemos la pasta con poca agua, el almidón que se desprende formará una especie de cola. Hará que se pegue y no se hidrate la pasta en condiciones.

Abundante agua = pasta bien hidratada y no pegada.

La sal.

La sal que se le añade al agua debe ser abundante. 1,5 gr. de sal por litro de agua. Aunque parezca una burrada, no lo es, porque la mayoría de la sal se queda en el agua al escurrir.

Eso sí, añadimos la sal siempre después de que el agua comience a hervir. Simplemente porque si la añadimos antes. retrasamos la ebullición.

Sal después de hervir y una proporción de 1,5 gr. de sal por litro de agua.

La pasta. 

Una vez hemos añadido la sal al agua, es el momento de echar la pasta, a fuego medio-alto para que el agua no deje de hervir en ningún momento. No tapamos la olla y removemos la pasta.

Como hemos dicho anteriormente, la pasta fresca tenemos que dejar cocer durante 2 minutos mientras la seca unos 10 minutos (o lo que nos diga el fabricante en el envase).

No es necesario remover constantemente. Al tener agua abundante y en ebullición, hace que la pasta esté en constante movimiento.

Echar la pasta después de la sal, fuego vivo, sin tapar, remover una sola vez y tiempo de cocción el que se indica.

La salsa.  

Cuando queden un par de minutos antes de terminar de cocer la pasta, calentamos la salsa.

2 minutos antes de escurrir la pasta, calentar la salsa.

Escurrir la pasta. 

Antes de escurrir la pasta, reservamos un poco del agua de cocción por si tenemos que aligerar la salsa.

Escurrimos la pasta y la añadimos a la sartén con la salsa que ya estará caliente. Cocinamos la pasta durante unos 30 segundos, removiendo sin parar. Si vemos que la pasta se ha quedado sin salsa. podemos añadir un poco de agua de cocción que hemos reservado.

Reservar agua de cocción, añadir la pasta a la sartén y mezclar a fuego vivo con la salsa. 

Por último, rallamos queso por encima y añadimos alguna hierba aromática y un buen chorrito de AOVE.

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